Después de ver el Gran Premio de Canadá de F1, he vuelto a pensar que la suerte es un factor determinante en el deporte, en todos ellos. Pero parece que especialmente el mundo del motor depende en gran medida de un factor tan poco científico y mecánico. En un deporte como la Fórmula 1 donde todo está calculado, medido, extremadamente controlado al minucioso detalle, incluido, en algunos casos, hasta la climatología. La suerte sigue imponiéndose a la lógica y ayer volvió a ser fundamental.
