Cuando termina una temporada y hasta el comienzo de la siguiente campaña, abundan las primeras planas del cansadísimo mercado de fichajes, con sus culebrones veraniegos habituales. Ya desde hace muchas temporadas y casi siempre con el Real Madrid y el Barcelona de por medio, hay un jugador que llena horas de telediarios, páginas de diarios deportivos y recientemente horas de programas pseudodeportivos nocturnos, que recuerdan al marujeo de otro tipo de telebasura del papel cuché.
Después del mareo de unas cuantas temporadas con el ficheje de Cesc Fábregas por el Barça que finalmente se ha cerrado éste año (loado sea el señor), llevamos durante meses sabiendo hasta a como le huelen los pies al brasileño Neymar. Mareando la perdíz con su presunto fichaje por el Madrid, con su acuerdo desde hace años con Florentino. Su paternidad, su peinado de cresta (del cual me abstengo a opinar), la amistad de su presidente, De Oliveira, con Rossel. Los entresijos de acuerdos con su manager de por medio, si quedan con unos u otros para negociar, si hablan con una radio y dicen una cosa para desmentirlo en otra cadena en apenas minutos, si el sueño de la inminente estrella es jugar de blanco y al rato de blaugrana, en fin, muy cansino.

